Mucho se habla de cierta ¨crisis de liderazgo¨ en la actualidad. Lo cierto es que, las empresas han cambiado y muchas personas no han aprendido a cambiar con ellas.

Hay un nuevo modelo organizacional, y parte del desafío de los líderes de hoy tiene que ver con poder desarrollar un estilo propio de liderazgo y entender que hay nuevos modos de ver las jerarquías y eso implica evolucionar la concepción de poder. La tendencia está dada por fomentar vínculos más colaborativos, horizontalizados, como parte del mismo equipo.

Claro es que cada uno es diferente en la forma de manejarse, y algunos aún imitan hábitos y costumbres de antecesores, apelan al micromanagement, en el afán de controlar y supervisar todos los detalles, el único resultado se traslada en desmotivar y frustrar a los miembros del equipo con cualquier intento de creatividad.

Para mi sorpresa, suelo encontrarme con un silencio interminable de candidatos a los cuales evalúo y acostumbro a preguntar si recuerda algún superior que haya ¨marcado¨ su carrera o que lo recuerde por haber aprendido mucho… en general, lo único que consigo es una respuesta vacía. No logran dar con ningún líder de equipo que los haya formado, guiado tanto como para recordarlo. Por momentos podrán rescatar alguna situación viable de considerar en la que destaquen una buena actuación, pero la escases de respuesta ante este interrogante es un común denominador.

Esto me hace reflexionar en este sentido: Tenemos una generación capacitada para mantener las cosas tal como están, pero lo difícil es  ¨crear algo que no está¨, esa es una de las esencias de un buen líder. Estar abiertos a diferentes modos de ver las cosas, ser vistos como formadores, apasionados y comprometidos. Dedicación absoluta, generar confianza en ambas direcciones, ser un buen comunicador de lo que sabe y de lo que no.

Tendremos que ver mas allá del eterno cuestionamiento de si el líder nace o se hace. Nos enfocamos en directrices que nos desvían del punto crítico que mas preocupa hoy a las pequeñas y grandes empresas. Aún con todas las cualidades que cualquiera destacaría dentro del perfil de un buen líder de equipo, es bastante frecuente encontrarnos con un porcentaje del personal que no adhiere o no lo estimula esta ¨nueva manera de gestionar¨ y que aún trabajando de forma colaborativa, por objetivos comunes no captamos la suficiente atención para alcanzar ese sentido de pertenencia, esa pasión y compromiso transformador.

Entonces es ahí donde nos preguntamos… ¿es acaso una crisis de liderazgo o simplemente una diferencia de intereses, una inadecuada amalgama entre lo que se necesita que haga y lo que el otro quiere hacer?

Para resumir, no solo nos encontramos ante carencia de atributos de liderazgo y cuando digo atributos, estos son los necesarios y funcionales a las transformaciones que existen hoy en las estructuras, sino que además es necesario evaluar si las expectativas de la gente en relación al trabajo son proporcionales a las expectativas del líder para con la gente y viceversa. ¿Estamos dispuestos a resistir tal clase de análisis?

 

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